Saltar al contenido principal

Doomscrolling: por qué no puedes dejar de mirar malas noticias (y cómo pararlo)

El doomscrolling es quedarte enganchado a las malas noticias: deslizar y deslizar ante contenido que te sienta mal, sin poder soltar el móvil. Ocurre porque tu cerebro prioriza las amenazas — está diseñado para eso — y porque confunde información con control: «si sigo mirando, estaré preparado». Un aviso que repito mucho en consulta: la vigilancia no es preparación. Es ansiedad con disfraz de responsabilidad.

Soy Caridad Jara, psicóloga sanitaria en Toledo, y este patrón aparece cada vez más entre las personas que atiendo por ansiedad: no como causa única, pero sí como gasolina diaria.

Qué le hace a tu cabeza

Tres efectos que veo repetirse. El primero, la alarma de fondo: tras una sesión larga de noticias negativas, el cuerpo queda en modo amenaza aunque estés en tu sofá, a salvo. El segundo, la distorsión del mundo: consumes lo excepcional — que es lo noticiable — y tu cerebro lo registra como lo habitual, así que el mundo parece bastante más peligroso de lo que tu vida real indica. El tercero, el sueño: el repaso de titulares en la cama es de los saboteadores de descanso más eficaces que existen, y dormir mal baja el umbral de la ansiedad al día siguiente. El círculo, servido.

Por qué la fuerza de voluntad no basta

Porque no peleas contra tu falta de disciplina: peleas contra un sesgo evolutivo (atender a la amenaza salvaba vidas) amplificado por algoritmos que aprenden exactamente qué te retiene. Es una pelea desigual, y por eso el «mañana miro menos el móvil» dura dos días.

Si la sensación de alarma no se va ni soltando el móvil, quizá el problema ya no es el móvil.

Cómo trabajo la ansiedad

Cómo cortarlo sin desinformarte

  1. Informarte por raciones, no por goteo. Uno o dos momentos al día, con hora fija, en un medio elegido por ti. Estar informado no es lo mismo que estar conectado.
  2. Nada de noticias en la cama. Ni al acostarte ni al despertar. Los primeros y los últimos treinta minutos del día marcan el tono de todo lo demás.
  3. Rompe el gesto automático. El doomscrolling vive del automatismo: saca las apps de la pantalla principal, desactiva las notificaciones de noticias, mete fricción. Cada paso extra le da a tu cabeza medio segundo para elegir.
  4. Sustituye, no prohíbas. El hueco que deja el scroll hay que llenarlo con algo — llamar a alguien, caminar, leer otra cosa — o el móvil vuelve solo a la mano.
  5. Pregúntate qué buscas ahí. Casi siempre la respuesta es «sentir que controlo algo». Esa necesidad es legítima; el scroll es solo un mal proveedor.

Cuándo es algo más que un hábito

Si al soltar el móvil la alarma sigue — preocupación constante, tensión, insomnio, catastrofismo —, el doomscrolling no era el problema sino el síntoma. Ahí es donde el trabajo de consulta tiene sentido: tratar la ansiedad de base, no solo el gesto del pulgar. Lo hago presencial en Toledo y por videoconsulta en toda España.

Preguntas frecuentes

¿Dejar de ver noticias no es ser un irresponsable?

Informarse dos veces al día en medios de calidad es más responsable que absorber titulares cuarenta veces al día. La utilidad de la información tiene techo; el malestar, no.

¿Cuánto tiempo de noticias es «demasiado»?

Más que un número de minutos, mira el efecto: si terminas peor de como empezaste y aun así no puedes parar, esa ya es la señal.

¿Esto se trata en terapia?

El doomscrolling en sí no es un diagnóstico, pero la ansiedad que lo sostiene sí se trata, y bien. Es parte habitual de mi tratamiento de la ansiedad.

Así trato la ansiedad en consulta →

Contenido informativo; no sustituye una valoración profesional.

Referencias: McLaughlin, B. et al. (2022). Caught in a Dangerous World: problematic news consumption. Health Communication. · Soroka, S. et al. (2019). Cross-national evidence of a negativity bias in psychophysiological reactions to news. PNAS.

Deja un comentario

¿Hablamos?